Mi nombre es Víctor y vivo en el año 2030. Desde la perspectiva que te da el tiempo, es fácil hacer una mirada retrospectiva para valorar el pasado, pero lo cierto es que llegar hasta aquí ha sido un camino largo y duro en el que no ha faltado de nada, incluida una pandemia y una crisis económica que sumió al mundo en la miseria. Como docente, me resulta imposible no plantearme como era la educación hace diez años, en aquellos difíciles años de la década de 2020. Lo que más me llama la atención es que las pizarras digitales, está tecnología obsoleta que empieza a ser reemplazada por hologramas tridimensionales, apenas estaban implementadas, existiendo en muchos centros aún las pizarras de tiza o, en el mejor de los casos, con rotuladores de colores. Los alumnos iban a clase con pesados libros o, los más afortunados, tablets, un invento que por su poca utilidad dejó de fabricarse hace unos años. Ni rastro había en las aulas de nuestras actuales gafas de realidad virtual, tan omnipr...